Sonitus Spes: El Corazón de Acero y Música que Construye un Puente Vivo a la Antártida
Por Cristina Landon para Estación Landon.

Hay proyectos que nacen para ser vistos y otros que nacen para ser sentidos. «Gondwana» es de los segundos. En una hazaña que fusiona la audacia artística con la resiliencia humana, un equipo de tres titanes argentinos ha logrado lo que parecía una utopía: instalar un corazón de acero que late con música en el lugar más inhóspito y puro del planeta, la Antártida. Se trata de «Sonitus Spes» (Sonido de Esperanza), una escultura que no es solo un objeto, sino un puente vivo, un emblema de la patria y un legado universal.
En una entrevista exclusiva con Estación Landon, sus creadores —el escultor Daniel Papaleo, el compositor Rod Schejtman y el historiador y curador Nelson Durante— nos abrieron las puertas a un universo donde el arte trasciende la forma para convertirse en emoción pura.
Escuchá la entrevista completa en https://open.spotify.com/episode/4QbyOHVNM2hHEHpxm7ckhd?si=SW7X9JxOQ_i_CvJncXw3CQ
Un Sueño Forjado en Acero y Sonido
El proyecto Gondwana, liderado por estos tres visionarios, busca vincular a los pueblos del mundo a través de gestos artísticos que exceden el formalismo. Su primera gran manifestación es «Sonitus Spes», una imponente escultura de acero inoxidable que ya descansa en la Base Marambio y cuyo destino final es la Base Esperanza, hogar del colegio más austral del mundo.
Pero esta no es una escultura silenciosa. En su interior, como un alma que le da aliento, resuena la sinfonía «La Magia de Vivere» de Rod Schejtman, fusionada poéticamente con los vientos antárticos. Es, como lo describió Papaleo, «un corazón vivo dentro de la escultura».
«Cuando una persona toca un objeto inesperado, inexplicable, se encuentra con una puerta hacia la libertad». (Daniel Papaleo)
Daniel Papaleo: El Escultor de la Libertad Sensorial
Con la humildad de los grandes, Daniel Papaleo explica que su obra busca ser «un puente sensible». Su arte abstracto, refinado tras años de trabajo y estudio, tiene una cualidad casi mágica: al no representar «nada» en concreto, lo representa todo.
Esta libertad es crucial, especialmente para quienes no pueden ver. Papaleo, con una larga trayectoria en arte inclusivo, diseñó Sonitus Spes para que pudiera ser «vista» a través del tacto y, ahora, a través del oído. La escultura se convierte en un vehículo sensorial que permite que una persona ciega no solo sienta su forma, sino que perciba su «aura» y su «voz» a través de la música de Rod. Es la materialización de un arte que no necesita de los ojos para conmover hasta el alma.
Rod Schejtman: La Sinfonía de la Adversidad y la Vida
La música que habita en Sonitus Spes no es una elección casual. «La Magia de Vivere» («La Magia de Vivir») es una de las obras que le valió a Rod Schejtman el Mundial de Música Clásica. Pero su origen es profundamente personal. «Fue creada en uno de esos momentos de epifanía, cuando ante las adversidades, te miras las manos y dices: ‘pero estoy vivo'», relata con emoción.
Esta sinfonía, que habla de la resiliencia y la maravilla de la vida, encuentra en la Antártida su escenario perfecto. Un lugar donde los habitantes enfrentan temperaturas de 40 grados bajo cero y ráfagas de 200 km/h, pero donde la vida prospera. «Ante toda esa adversidad, la vida prospera», afirma Rod. Su música, interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional, se convierte en un abrazo cálido para los niños y las familias de la Base Esperanza, recordándoles la luz incluso en los cuatro meses de oscuridad total del invierno polar.
Nelson Durante: El Guardián de la Memoria Colectiva
Si Papaleo es el cuerpo y Schejtman el alma, Nelson Durante es la conciencia histórica del proyecto. Como curador e historiador, su labor ha sido tejer los hilos que conectan la obra con la identidad argentina y su legado en el continente blanco.
«Sonitus es más que una obra escultórica, es un emblema de la patria». (Nelson Durante, sic)
Fue Nelson quien vislumbró que la palabra Spes (esperanza en latín) también deriva en «confianza», un pilar para la comunidad antártica. Él se encarga de que el proyecto no sea un objeto aislado, sino un diálogo con la historia, rescatando figuras como el militar Florencio Pérez, quien recordaba que en la Antártida «nace o muere la Cordillera de los Andes». Su visión asegura que la escultura no solo represente el futuro, sino que también honre el pasado.

La Antártida: Más que Hielo, un Lienzo de Esperanza
El equipo de Gondwana no eligió la Antártida por casualidad. Es un territorio de paz, ciencia y soberanía. Instalar allí una obra de esta magnitud es un acto poético y político: es reafirmar que, incluso en el lugar más remoto, el arte argentino tiene una voz universal.
La reacción de la comunidad de la Base Esperanza ha sido abrumadora. Los niños, futuros custodios de la obra, ya han enviado videos y audios llenos de alegría. Para ellos, «Sonitus Spes» no será una pieza de museo, sino un compañero en su día a día, un recordatorio de que no están solos y de que su esfuerzo inspira a todo un país.
Este «corazón latiendo bajo el hielo» es, en definitiva, la prueba de que el arte, en su forma más pura, no tiene fronteras. Es un sonido de esperanza que, desde el fin del mundo, nos recuerda la magia de estar vivos.
Cuadro Sinóptico: Resumen del Proyecto «Sonitus Spes»

Editorial: La Emoción de Escuchar un Corazón en el Fin del Mundo
Por Cristina Landon
Pocas veces en esta profesión uno tiene el privilegio de sentir que una entrevista trasciende el simple acto de preguntar y responder. La charla con Daniel Papaleo, Rod Schejtman y Nelson Durante fue uno de esos momentos. La nerviosa anticipación de hablar con tres figuras de semejante calibre se transformó, palabra a palabra, en una profunda conmoción y un orgullo inmenso por lo que son capaces de crear los argentinos.
Hablar de «Sonitus Spes» no es hablar de una escultura. Es atestiguar el nacimiento de un ser vivo. A lo largo de la conversación, dejé de imaginar una pieza de metal para empezar a verla como un ente con alma, un corazón de acero cuyo latido es la sinfonía de Rod y cuyo aliento son los vientos helados de la Antártida. Es un concepto tan poderoso que estremece.
Me conmovió hasta lo más profundo la sensibilidad de estos tres hombres. Daniel Papaleo, un verdadero alquimista que no solo moldea el acero, sino que lo convierte en un portal hacia la libertad sensorial. Su dedicación a un arte inclusivo, que puede ser «visto» por una persona ciega, habla de una generosidad y una visión que van mucho más allá de la estética. Es un artista que crea para unir, no para decorar.
Rod Schejtman, por su parte, es el pulso de este proyecto. Su música, nacida de una lucha personal y una celebración de la vida, es el lenguaje universal que le da sentido a todo. Escucharlo hablar de su obra con tanta pasión y humildad, y saber que su composición será un refugio sonoro para nuestros compatriotas en la Antártida, me llenó de admiración. Es la prueba de que la música es, verdaderamente, la más elevada forma de la esperanza.
Y Nelson Durante, el tejedor de historias, el ancla que une este sueño vanguardista con nuestras raíces más profundas. Su trabajo como curador le da a «Sonitus Spes» un peso histórico y una relevancia que lo convierten en mucho más que un hito artístico. Lo transforma en un legado, en un pedazo de nuestra memoria colectiva plantado firmemente en el sur más austral.
Tenerlos juntos fue un honor, una clase magistral de cómo el arte, cuando se nutre de pasión, colaboración y un propósito noble, puede lograr lo imposible. Me dejaron con una sensación de asombro y gratitud. Asombro por la magnitud de su visión y gratitud por recordarnos que la sensibilidad no es una debilidad, sino la fuerza más poderosa que poseemos como seres humanos.
Gracias, Daniel, Rod y Nelson, por permitirnos ser testigos de esta maravilla. Gracias por recordarnos que, incluso bajo el hielo más espeso, la esperanza tiene sonido y el arte tiene un latido universal.
