📰 Opinión | Por Cristina Landon
Directora de Radio y Diario Estación Landon
Cada vez que se habla de abrir importaciones o bajar aranceles, se alzan voces en defensa de las pymes. Pero ¿quién defiende al consumidor? ¿Qué pasa con el que paga de más por productos mediocres? Opinión desde Estación Landon.
Cada vez que se habla de bajar aranceles o facilitar importaciones, desde algunos sectores productivos del país se levanta un grito de alarma. Se denuncia un ataque a la industria nacional, se agita el fantasma del desempleo y se repite, casi como un rezo, que “las pymes están en peligro”.
Pero la pregunta es: ¿y el consumidor? ¿Dónde queda la persona común, la que va al almacén y paga el triple? Esa que no tiene subsidios, que trabaja, que sostiene todo el sistema… y que, encima, es tratada como si tuviera que resignarse a precios altísimos y opciones mediocres, todo “en nombre de lo nacional”.
Porque seamos sinceros: hay muchas pymes valiosas, sí. Pero también hay otras que no quieren competir, no negocian, no se modernizan y encima remarcan sin ningún tipo de control ni empatía con la realidad del otro. ¿Cuántos comerciantes construyeron casas, cambiaron autos o viajaron varias veces al año mientras le vendían al cliente productos al doble o al triple de su valor real?
Yo no estoy en contra de la producción nacional. Todo lo contrario: me alegra cuando un producto argentino genera trabajo y se vende bien. Pero también creo que defender lo nuestro no puede significar mantener privilegios a costa del consumidor. Y mucho menos, proteger a quienes no están dispuestos a adaptarse ni un milímetro.
¿Queremos hablar de competitividad? Entonces que sea para todos. Si una empresa local quiere seguir existiendo, que lo haga ofreciendo mejores precios, mejor calidad, mejor atención. No pidiendo al Estado que le cierre la puerta al resto del mundo mientras se niega a cambiar nada.
La economía necesita equilibrio. No se trata de abrir todo de golpe, pero tampoco de encerrarnos en un proteccionismo eterno que solo beneficia a unos pocos. El derecho a producir no puede estar por encima del derecho a vivir con dignidad.
En tiempos difíciles, es momento de dejar los discursos cómodos y poner el foco donde duele: en el bolsillo del que paga.
Y si algunos no quieren negociar, entonces que compitan.
Porque los que pagan de más ya compitieron suficiente para llegar a fin de mes.

Columna de opinión – Estación Landon
Cuando informar también es tomar posición.
