San Martín: polémica por quién pagó un acto político

Una diputada invitada, concejales y dirigentes discutiendo quién organizó y quién pagó el encuentro y, en la esquina, una mujer en silla de ruedas pidiendo ayuda para comprar un medicamento. Una escena que deja una pregunta bastante más incómoda que cualquier interna política: ¿para quién están haciendo política?

Hay situaciones que una periodista decide inicialmente no contar.

No porque carezcan de importancia, sino porque muchas veces una intenta separar aquello que le ocurrió personalmente de lo que verdaderamente merece convertirse en una discusión pública.

Cuando nos retirábamos del evento realizado en un local de la calle Ayacucho, en San Martín, al que no se me permitió ingresar luego de ser señalada como “acosadora”, ocurrió algo que en ese momento preferí guardar.

En la esquina encontramos a una mujer en silla de ruedas pidiendo colaboración para conseguir dinero para comprar un medicamento. Según nos manifestó, necesitaba un ibuprofeno.

No escribí nada sobre aquello. Hasta ahora…

¿Quién pagó? ¿Quién organizó? ¿Quién puso más?

Al observar la discusión entre concejales y dirigentes alrededor de quién había organizado el encuentro, quién había pagado, quién había convocado y quién debía adjudicarse el mérito del acto, aquella escena de la esquina volvió inevitablemente a mi memoria.

¿EN SERIO ESTA ES LA DISCUSIÓN?

No cuestiono que un evento político tenga gastos. Los tiene.

Salón. Comida. Bebidas. Logística. Difusión. Organización. Todo cuesta dinero.

Lo llamativo comienza cuando esos gastos pasan a formar parte de una competencia política para determinar quién puso más, quién organizó realmente, quién pagó y quién merece quedarse con el protagonismo.

Una suerte de campeonato del ticket.

“Yo pagué esto”.

“Nosotros pusimos aquello”.

“Ese acto lo organizamos nosotros”.

Faltaría solamente sacar la calculadora.

VERGÜENZA AJENA: ¿de verdad van a discutir quién pagó el sandwichito o la medialuna?

Hay algo de toda esta historia que, personalmente, me produce VERGÜENZA AJENA.

He tenido la suerte, por mi trabajo periodístico, de participar de recepciones, encuentros y cenas vinculadas con embajadas y ámbitos institucionales.

Y jamás presencié una escena semejante.

Nunca escuché después a los organizadores discutir quién había pagado la comida de un invitado, quién había puesto las bebidas o quién debía adjudicarse el mérito por haber financiado determinada atención.

CUANDO SE INVITA, SE INVITA.
CUANDO SE ORGANIZA, SE ORGANIZA.

Cuando alguien recibe a una autoridad o a un invitado institucional existen ciertas formas elementales que deberían preservarse.

Por eso resulta todavía más incómodo que en San Martín concejales y dirigentes terminen discutiendo quién organizó, quién puso el dinero o quién pagó el encuentro en el que participó una diputada invitada.

¿NO LES DA UN POCO DE VERGÜENZA, SIQUIERA POR LA DIPUTADA INVITADA?

Porque, llevado al absurdo, pareciera que en cualquier momento alguien va a aclarar:

“Yo pagué la Coca”.

“El sandwichito lo puse yo”.

“No, la factura era nuestra”.

“Bueno, hagamos una vaquita”.

Y ahí dejamos por un momento la política para entrar directamente en territorio de Esperando la carroza.

Solo falta la cocina, los gritos cruzados y alguien reclamando quién puso los ravioles.

Con una diferencia importante: acá estamos hablando de concejales y dirigentes que ocupan cargos públicos o pretenden ocuparlos.

Y eso debería exigir un poco más de nivel.

No estoy diciendo que en otros países no existan internas, egos o peleas políticas. Sería ingenuo.

Lo que digo es que existen ámbitos institucionales donde determinadas cuestiones se consideran sencillamente parte de las obligaciones de quien organiza y no una medalla que después haya que exhibir.

Una diputada invitada no debería quedar, ni siquiera indirectamente, en medio de una pelea para establecer quién le pagó el sandwichito.

Es una cuestión de formas. De educación. De pudor político. Y también de ética.

ACOTACIÓN DE LA AUTORA

Por suerte no entré. Quién sabe, capaz hasta me hubiera sentido culpable si me comía un sandwichito o una factura más. Visto cómo después se pelean por quién pagó qué, una no sabe si había catering o escribano.

Mientras tanto, en la esquina…

Aquella mujer en silla de ruedas estaba en la esquina pidiendo ayuda para comprar un medicamento.

Y quiero ser particularmente clara sobre este punto: no estoy diciendo que quienes participaban del evento la hayan visto.

No sé si la vieron. Tampoco sostengo que tuvieran una obligación personal de comprarle ese medicamento.

No es ese el planteo. El planteo es el contraste.

Mientras una parte de la dirigencia local parece capaz de desplegar enorme energía para discutir quién pagó un encuentro, quién lo organizó y quién merece adjudicarse la convocatoria, los vecinos tienen preocupaciones bastante menos sofisticadas.

Medicamentos. Calles. Veredas. Transporte. Paradas de colectivo. Seguridad. Trabajo. Servicios. Llegar a fin de mes.

Ellos discuten quién pagó. El vecino discute cómo llega a fin de mes

La mujer de la esquina no convierte a ninguno de los asistentes en responsable de su situación.

Pero aquella escena sí sirve para poner dos realidades una al lado de la otra.

De un lado, dirigentes discutiendo protagonismos, organización y dinero.

Del otro, una vecina tratando de conseguir unos pesos para un medicamento.

¿CUÁLES SON LAS PRIORIDADES DE QUIENES DICEN QUERER GOBERNAR SAN MARTÍN?

Dicen que fueron 80

Desde el propio espacio se habló de alrededor de 80 asistentes.

No puedo certificar esa cifra.

Como organizadora de eventos y observando las dimensiones del local, personalmente me cuesta imaginar esa cantidad de personas dentro del lugar sin una ocupación realmente considerable.

Pero aceptemos el número. Ochenta personas.

Hubo recursos. Hubo logística. Hubo comida. Hubo bebida. Hubo una diputada invitada. Todo perfectamente legítimo.

Lo que cuesta comprender es por qué después la discusión política tiene que transformarse en una competencia acerca de quién puso esos recursos.

¿Y si compiten por ver quién resuelve más problemas?

Podrían competir por quién presenta más proyectos, quién consigue solucionar más reclamos, quién recorre más barrios, quién consigue más respuestas, quién logra mejoras concretas en el transporte, quién reclama por las paradas abandonadas y quién está presente cuando hay que trabajar.

Esa competencia sí sería extraordinaria.

PERO PARECE QUE EL SANDWICHITO GENERA MÁS PASIÓN.

Concejales: una banca no es solamente una foto

También existe otro fenómeno que los vecinos tienen derecho a observar.

Hay representantes que pueden faltar a ámbitos institucionales donde deberían cumplir sus responsabilidades pero que difícilmente se pierden determinados eventos políticos.

Participar de actos no tiene nada de cuestionable.

El problema aparece cuando la agenda partidaria comienza a parecer más importante que la agenda institucional.

Un concejal no fue elegido solamente para sacarse fotografías.

Una banca supone trabajo, presencia, control, proyectos, seguimiento, explicaciones, rendición de cuentas y representación.

Política versión “Esperando la carroza”

Por eso la imagen termina resultando casi grotesca.

Una diputada invitada. Concejales. Dirigentes. Un acto político. Una discusión acerca de quién pagó.

Y en la esquina, una mujer tratando de reunir dinero para un medicamento.

No son hechos causalmente relacionados. Pero colocados uno al lado del otro muestran dos mundos.

El mundo de cierta política preocupada por quién organizó y el mundo del vecino preocupado por cómo resuelve el día.

No hace falta fabricar ninguna acusación. La imagen habla sola.

Y si uno quiere buscarle un título cinematográfico, Esperando la carroza queda bastante cerca.

Solo que acá la discusión no sería quién puso los ravioles.

SERÍA QUIÉN PAGÓ LOS SANDWICHES.

Un poco de pudor institucional, señores

Quien ocupa una banca, dirige un espacio político o pretende gobernar debería comprender que las formas también importan.

Porque mientras algunos disputan el mérito de haber financiado una reunión, probablemente muy pocos vecinos estén preguntándose quién pagó la Coca.

El vecino quiere saber quién le arregla la calle, quién consigue que el colectivo llegue, quién reclama cuando un servicio no funciona, quién controla, quién trabaja y quién responde.

Y quién aparece también cuando no hay escenario, diputada invitada ni fotografía.

BASTA DE SUBESTIMAR AL VECINO

Pueden seguir discutiendo quién organizó, quién pagó, quién llevó más gente, quién tuvo más protagonismo, quién puso el local, quién compró los sandwiches y quién consiguió las bebidas.

Pero quizás deberían comprender algo.

SAN MARTÍN TIENE PROBLEMAS DEMASIADO IMPORTANTES COMO PARA CONVERTIR LA FACTURA DE UN ACTO POLÍTICO EN UNA BATALLA DE EGOS.

La mujer de la esquina no convierte a ninguno de ellos en responsable de su situación.

Pero aquella imagen sí debería servir para recordar cuáles son las dimensiones reales de la política.

Gobernar no es ganar una discusión interna.

Gobernar es solucionar problemas.

Y mientras algunos parecen empeñados en demostrar quién pagó el acto, el vecino continúa esperando saber quién va a hacerse cargo de las cosas verdaderamente importantes.

MENOS PELEA POR EL SANDWICHITO.
MÁS PELEA POR SAN MARTÍN.

Porque la pregunta nunca debió ser quién pagó.

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