De Londres a Costa Esperanza: ¿Alcanza con mirar la ciudad a la altura de un niño?
El municipio fue premiado por un programa de urbanismo infantil centrado en Costa Esperanza. Un reconocimiento que brilla en los papeles, pero que abre una pregunta incómoda: ¿por qué la seguridad y el diseño de calidad no llegan a todos los barrios por igual?
La noticia suena a futuro y a primer mundo: San Martín fue elegida por la London School of Economics para el programa Urban95 Academy. La idea es revolucionaria: pensar la ciudad desde los 95 centímetros de altura, la estatura de un chico de 3 años. El proyecto oficial pone el foco en Costa Esperanza, buscando crear corredores seguros para los más chiquitos y sus familias.
Hasta ahí, el aplauso es fácil. Pero el periodismo, y sobre todo el que camina la calle, tiene la obligación de mirar más allá de la gacetilla. Porque si bien Costa Esperanza necesita todo el apoyo del Estado, no podemos caer en la trampa de las «islas de bienestar». Como se decía antes, desde el chico más humilde de un barrio popular hasta el hijo de la familia más acomodada, todos los niños de San Martín merecen que su ciudad no sea una carrera de obstáculos.
La infancia no entiende de fronteras invisibles ni de internas políticas. Un nene que vive en el centro de San Martín, en Ballester o en Billinghurst tiene el mismo derecho a caminar por veredas transitables, a jugar en plazas seguras y a respirar un aire que no esté viciado por la mugre que el Estado no recoge.
El «urbanismo del cuidado» no debería ser un experimento de laboratorio para un solo barrio que sale en los mapas internacionales; debería ser la norma para cada cuadra del distrito.
Hoy, la gestión municipal tiene en sus manos manuales de Londres y prestigio de la Fundación Van Leer. Es una oportunidad de oro, pero también una responsabilidad inmensa.
Porque un reconocimiento internacional es solo un papel si no se traduce en una política universal. No necesitamos «chicos Urban95» y «chicos del montón». Necesitamos que los 95 centímetros sean la medida de la gestión en todo el territorio.
Diseñar la ciudad para los chicos es, en definitiva, diseñarla para que todos vivamos mejor. El desafío de este «premio» es que no se quede en una vitrina de Costa Esperanza mientras el resto del mapa sigue esperando.
Porque la infancia es hoy, y el derecho a una ciudad amable no puede depender de en qué rincón de San Martín te tocó nacer.
