🎤 Nana quiere entrar a caballo al escenario: el fuego de Sandro, el alma de Piaf y una propuesta escénica que conmueve
Por Cristina Landon – Estación Landon
Hay artistas que transitan el escenario, y hay quienes lo habitan como si les perteneciera desde siempre. Naná es de estas últimas. Una intérprete que no imita ni copia: vive, respira y canaliza la energía de los grandes. Su homenaje a Sandro y su interpretación visceral de Édith Piaf no sólo emocionan —sacuden—. Lo suyo es arte en carne viva. Y como si fuera poco, sueña con entrar a caballo al escenario en su próximo show. Porque, como dice ella, «a la emoción hay que darle cuerpo, y a veces, un caballo es la mejor metáfora».
☕ De café, pasión y canciones eternas: el inicio de una charla con alma
La entrevista comenzó con una taza de café y una sonrisa sincera. Naná, con la calidez de quien está acostumbrada a hablar desde el corazón, se sentó a conversar sin máscaras. “Mi nombre es Naná, como suena, sin vueltas”, dijo al principio, y ese gesto simple ya anticipaba lo que vendría: una charla honesta, profunda, cargada de emoción y sensibilidad artística.
Durante más de 45 minutos, viajamos por sus recuerdos, anhelos, desafíos y proyectos. Una artista que no sólo canta, sino que cree en lo que canta. Y lo transmite.
🎤 El homenaje a Sandro: «No quería disfrazarme, quería sentirlo»
Todo empezó como una sugerencia de Graciela Guñazú, la biógrafa de Sandro: “Tenés que hacer un show dedicado a él”. Y Naná no tardó en entender que no se trataba de imitar, sino de evocar su fuego sin perder el propio.

“Sandro no es sólo música, es presencia, es teatralidad. Yo no quería ponerme una peluca y hacer playback. Quería abrazar su esencia desde mi voz, desde mi cuerpo, desde una emoción honesta.”
Así nació un homenaje que fue ovacionado incluso por la viuda de Sandro, presente en una de las funciones. “Cuando la vi emocionada, llorando, sentí que había hecho las cosas bien. Ese fue mi aplauso más íntimo”, recuerda conmovida.
Para lograrlo, se rodeó de artistas y colaboradoras comprometidas como María Nozarra, con quien trabajó cada arreglo, cada palabra, cada gesto. Porque rendir tributo, cuando se hace bien, requiere más que talento: requiere amor.
🎭 Piaf: una conexión espiritual
Si Sandro fue una elección, Piaf fue un llamado. La artista francesa la habita desde hace casi una década y, según Naná, hay algo de lo sobrenatural en esa relación.

“Cuando canto sus canciones, siento que baja. Que algo de ella se manifiesta en mí. Hay funciones donde no puedo evitar llorar, y el público también. Es un vínculo emocional que trasciende lo artístico.”
No es una simple interpretación. Es una experiencia que invita al espectador a abrirse, a recordar, a sanar. Por eso, la propuesta no es solamente musical, sino teatral. Su espectáculo en Teatro Timbre 4 fusiona el repertorio de Piaf con una puesta escénica que conmueve y sorprende.
Uno de los recursos que más impacto genera es un ring de boxeo simbólico, que representa las batallas emocionales, las caídas y los regresos de Piaf. “Es mi forma de mostrar lo que no se dice en las canciones. Piaf peleaba con el amor, con la vida, con ella misma. Y yo también.”
🐎 Un caballo en escena: cuando el arte se atreve
Y de pronto, casi sin previo aviso, lanza su idea con una mezcla de picardía y convencimiento:
“Sueño con entrar montada a caballo al escenario. No como circo, sino como símbolo. Quiero que la gente se quede boquiabierta, que se pregunte qué está viendo. Que recuerde esa imagen para siempre.”
Esos momentos visuales son los que trascienden lo musical, y Naná lo sabe. Como artista, busca romper las estructuras del show tradicional y transformarlo en una experiencia multisensorial. “El arte tiene que golpear, sacudir, emocionar. Yo quiero que salgan distintos de como entraron”.
🎶 La poesía que no se traduce: el valor del misterio
Uno de los temas más profundos de la entrevista fue el de la traducción de las canciones. Naná es firme: no subtitula, no adapta, no explica.
“Cada idioma tiene su propio perfume. Traducir es traicionar. Prefiero que la gente sienta la música aunque no entienda cada palabra. Lo importante es la emoción, no la literalidad.”
Y en esa línea, defiende también el valor del misterio. “No quiero decirle todo al espectador. Quiero que imagine, que complete con su historia, que le ponga su propia emoción al hueco que dejo abierto”.
📱 Tecnología y conexión real: grabar sí, pero con respeto
En tiempos donde los celulares graban cada momento, Naná también se anima a poner límites sin cerrar puertas. “No me molesta que filmen, siempre que sea con respeto y sin interrumpir. Hay momentos que vale la pena compartir. Pero también hay que aprender a vivir el instante, sin pantallas de por medio”.
🎟️ Próximas funciones y un mensaje final

Naná continúa presentando su espectáculo en Teatro Timbre 4 y planea nuevas funciones con repertorios combinados. Cada presentación es distinta, viva, auténtica. “Nunca canto igual. Dependo de lo que me pasa, de lo que vibra el público. Ese es el motor”, asegura.
Antes de despedirse, deja una reflexión potente:
“El arte no debe pedir permiso. Tiene que ser verdadero, incluso si incomoda. Prefiero ser intensa antes que olvidable.”
✨ En resumen: ¿por qué hay que ver a Naná?
Porque no se disfraza de los artistas que homenajea: los honra.
Porque no canta para lucirse: canta para conmover.
Porque en un mundo donde todo se explica, ella aún apuesta por el misterio y la emoción.
Y porque, tal vez, una noche de estas… aparezca montada en un caballo, y te cambie la manera de vivir el arte para siempre.
