“Los jardines de Juana” o cuando la locura ya no cabe entre paredes

La nueva novela de Natalia Bericat no es solo una historia: es una invitación directa a mirar lo que nadie quiere ver. Juana Rojas, su protagonista, nos lleva de la mano por los pasillos del encierro, el abandono, y todo eso que la sociedad ha preferido etiquetar como “distinto” para mantenerlo lejos.
Bericat no edulcora nada. Al contrario: nos pone frente a frente con esos mitos, prejuicios y miradas construidas durante siglos sobre la locura, la discapacidad, la diferencia. ¿Qué hacemos como sociedad con lo que no encaja? Lo encerramos. Lo medicamos. Lo silenciamos. Lo infantilizamos. Lo volvemos invisible.
Esta novela no solo cuenta una historia, también nos empuja a pensar: ¿cuánto daño se ha hecho en nombre del “bienestar”? ¿Cuántos cuerpos inquietos fueron obligados a callar para no incomodar? Juana lo grita desde adentro: “Soy una historia clínica. Papeles apilados con letra de máquina de escribir que dice lo que tengo.” ¿Y su nombre? ¿Su historia? ¿Su dolor? Perdidos entre diagnósticos que muchas veces son más condena que ayuda.
Natalia Bericat no escribe para entretener. Escribe para despertar. A veces contamos lo que pasó y otras, lo que deseamos que pase. Y acá hay de todo: hechos que duelen, sí, pero también un sueño que se abre paso entre tanta injusticia. Porque un día, y eso es lo que esta novela deja latiendo, las puertas del jardín se abren.
Y cuando eso pasa, la esperanza deja de ser una palabra vacía.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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