El primer artículo con el que el periódico The New York Sun sorprendió al mundo fue publicado el 25 de agosto de 1835, no en la portada sino en la página 2. El texto, que ocupaba cuatro columnas, llevaba por título «Descubrimientos Celestiales».

En uno de sus párrafos afirmaba: «Acabamos de saber, gracias a un eminente editor, que Sir John Herschel en el Cabo de Buena Esperanza realizó unos descubrimientos astronómicos maravillosos mediante el uso de un inmenso telescopio que funciona gracias a un principio totalmente nuevo».
El artículo explicaba que Sir John Herschel se había embarcado a finales de 1833 rumbo a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, acompañado de un enorme telescopio que pesaba 7.000 kilogramos. Herschel, hijo del renombrado astrónomo Sir William Herschel —quien descubrió el planeta Urano en 1781—, contaba con un prestigio mundial.
El propósito de Herschel era observar el tránsito de Mercurio frente al disco solar, un fenómeno previsto para el 7 de noviembre de 1834. Sin embargo, gracias a la lente del telescopio, con un aumento de 42.000 veces, habría detectado algo extraordinario.
El artículo estaba firmado por el supuesto doctor Andrew Grant, colega de Herschel, y afirmaba haber sido publicado en el Edinburgh Journal of Science.
En los días siguientes, el periódico publicó nuevas notas con revelaciones aún más sorprendentes. Se sostenía que Sir John Herschel había logrado observar vida en la Luna. Según se describía, el telescopio permitía ver objetos lunares como si se encontraran a tan solo 80 metros de distancia.
Se detallaba la existencia de enormes bosques, cráteres, ríos, islas, grandes lagos, océanos y playas. También animales: manadas de bisontes pastaban en las llanuras, cebras trotaban libremente y, sorprendentemente, unicornios azules habitaban las montañas. En honor a éstos, un valle fue denominado «Valle de los Unicornios».
En las playas coexistían extrañas criaturas anfibias junto a castores bípedos, pelícanos y cangrejos. Se contabilizaban nueve especies diferentes de mamíferos. Además, el informe mencionaba aves como grullas blancas y negras, y flores de color carmín muy semejantes a las amapolas terrestres.
El 28 de agosto, ante el creciente interés del público, el diario publicó la noticia más impactante: en la Luna habitaba una tribu primitiva de humanoides peludos y alados que vivían alrededor de un templo con techos dorados.
Citando a Herschel, el diario describía: «Percibimos cuatro manadas sucesivas de grandes seres alados. Era evidente que estas criaturas estaban conversando; su gesticulación, especialmente la variada acción de sus manos y brazos, parecía apasionada y enfática. De ahí inferimos que eran seres racionales. Los llamamos ‘Vespertilio-homo’ o hombres murciélago».
Asimismo, detallaba que su cuerpo, excepto la cara, estaba cubierto por un lustroso pelo color cobre y poseían alas formadas por una fina membrana sin pelo. Sus rostros, de tono amarillento, eran una ligera mejora respecto a la apariencia de un gran orangután.
Día tras día, la historia crecía en detalles. El templo lunar estaba construido de zafiro y contaba con columnas de 21 metros de altura. Los habitantes vivían en cabañas más evolucionadas que muchas terrestres y manejaban el fuego.
El New York Sun, fundado en 1833, un periódico prestigioso y conservador, vio un gran aumento en sus ventas con este increíble descubrimiento. Mientras que su promedio diario eran 8.000 ejemplares, el día de la publicación del primer artículo se agotaron 15.000 copias, y la noticia sobre los hombres murciélago vendió casi 20.000 ejemplares.
El Sun se convirtió así en el periódico más vendido del mundo, superando al londinense The Times, que tenía una tirada de 17.000 ejemplares. Los demás diarios vieron caer sus ventas y, en un intento por competir, varios comenzaron a copiar los artículos del Sun, aunque no todos siguieron esa estrategia.
El 29 de agosto, el New York Commercial Advertiser publicó en su portada que todo era una mentira del Sun, argumentando que una noticia tan extraordinaria no podía haber pasado inadvertida para los diarios ingleses.
En medio del furor por la historia lunar, ocurrió un incidente: el telescopio fue dejado orientado al Sol, y los rayos quemaron un círculo de siete metros y medio en el suelo del observatorio, dejándolo inservible.
Meses después se descubrieron varias verdades. Sir John Herschel efectivamente estuvo en Ciudad del Cabo, pero no contaba con ningún telescopio maravilloso ni estaba observando la Luna, sino que realizaba otro tipo de estudios astronómicos. Por otro lado, el Edinburgh Journal of Science, supuesta fuente de las informaciones, había cesado su publicación años antes. Y el supuesto doctor Andrew Grant no existía.
Sobre los creadores de la noticia, casi 200 años después no se sabe con certeza, pero existen dos teorías. Una atribuye la autoría a Richard Adams Locke, periodista del Sun que había estudiado en Cambridge, aunque él nunca admitió la autoría. Otra hipótesis señala al astrónomo francés Jean-Nicolas Nicollet, quien visitaba Estados Unidos en aquel momento, junto al periodista Lewis Gaylord Clark.
Se cree que Locke tuvo dos motivaciones
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora