Urbano se convierte en la primera gran empresa de Logística B Certificada de Argentina

La compañía celebró un hito histórico al obtener la certificación de Empresa B, posicionándose como referente del triple impacto en un sector donde solo seis empresas similares en el mundo han logrado este reconocimiento
Por Cristina Landon
En un encuentro con periodistas realizado en sus instalaciones, Urbano Express celebró su reciente certificación como Empresa B, un logro que marca un antes y un después no solo para la compañía, sino para toda la industria logística argentina.
Con más de 3.000 colaboradores en todo el país y 55 sucursales, la empresa de soluciones logísticas completó un proceso de cuatro años que comenzó el 15 de diciembre de 2020, en plena pandemia.
Un camino de transformación que comenzó en la incredulidad
Marcelo Mattio, vicepresidente de Urbano, relató que el proyecto comenzó con cierto escepticismo por parte de los accionistas. Marcelo Wirth, accionista principal, confesó que su primera reacción fue de incredulidad:
“Yo no sabía de qué me estaba hablando. Con Walter (NR : refiriendose a Walter Román, el fundador) decíamos: ‘Bueno, déjalo, se le va a pasar. Está encerrado en la casa, está creativo’”.
Sin embargo, la convicción de Marcelo Mattio y el apoyo de un equipo comprometido transformaron esa resistencia inicial en un compromiso corporativo total.
Durante el evento, Marcelo Wirth reconoció:
“Fuimos sordos durante bastante tiempo, hasta que vimos que el tipo se lo había tomado en serio. Y estos chicos que aparecían en la foto lo empezaron a apoyar, empezaron a generar reuniones, cada vez más, y empezamos a ver el impacto que generaba en la gente de la compañía”.

¿Qué hace única a Urbano?
Urbano procesa mensualmente alrededor de 1.200.000 paquetes y entre 5 y 6 millones de cartas, principalmente facturas y servicios públicos.
La empresa también gestiona soluciones internacionales de cross border, incluyendo el comercio de plataformas globales como Shein y Temu.
Lo que realmente distingue a la compañía es su red propia nacional.
Con presencia en todo el país, desde La Quiaca hasta Ushuaia, Urbano cuenta con 55 sucursales y tres plantas operativas, con personal propio trabajando en cada rincón de la Argentina.
Entre sus clientes se encuentran prácticamente todas las empresas de e-commerce del país, aunque la compañía no es ampliamente conocida por el público general, siendo más reconocida en el ámbito empresarial.
El propósito como motor: conectar personas responsablemente
Marcelo Mattio explicó que el propósito de Urbano es estar “comprometidos con generar oportunidades” a través del diseño de “soluciones responsables que conectan a las personas”.
Este propósito, desarrollado junto a la consultora Eli Moretti y el comité ejecutivo, guía todas las decisiones estratégicas de la empresa.
“No es lo mismo levantarse una mañana, ir a trabajar y decir: ¿por qué hago esto?, ¿para qué lo hago?”,
reflexionó Marcelo Mattio ante los periodistas.
La visión de la empresa es “potenciar la rentabilidad para lograr un crecimiento sustentable”, con una matriz de ingresos diversificada, alcanzando la excelencia operativa basada en la transformación digital y, fundamentalmente, en el desarrollo de su gente.

De «mejor del mundo» a «mejor para el mundo»
Uno de los conceptos centrales que guía a Urbano es la diferencia entre ser “la mejor empresa del mundo” y “la mejor empresa para el mundo”.
La compañía se enfoca claramente en esta segunda opción, según destacó su vicepresidente, Marcelo Mattio.
Esta filosofía se refleja en múltiples iniciativas que integran el impacto social, la diversidad y el desarrollo humano dentro de la gestión empresarial:
🌍 Impacto Social
• Diversidad e inclusión: Programas específicos para incorporar y retener talento diverso.
• Gestión del talento: Fuerte apuesta por el desarrollo continuo de los colaboradores.
• Relaciones laborales: Trabajo colaborativo con el gremio de Camioneros, demostrando que es posible mantener “grandes relaciones laborales” con más de 3.000 personas en todo el país.
• Programa Impulso Urbano: Cada año, la empresa convoca a ONGs y organizaciones civiles que necesitan apoyo logístico.
Los 3.000 empleados votan cuáles serán las beneficiarias, y Urbano les dona servicios de logística gratuita durante un año.
El primer año fue Cáritas, y actualmente la compañía apoya a TECHO y Aldeas Infantiles.

Impacto Económico
Urbano trabaja con más de 300 clientes activos, algunos de ellos desde 1993.
Mantiene alianzas comerciales con clientes con propósito, ofreciendo bonificaciones o servicios gratuitos a otras empresas B.
Además, creó “Hacer a Rodar”, una generadora de proyectos para emprendedores con propósito, a quienes Urbano brinda logística gratuita y mentoría para potenciar sus negocios.
Impacto Ambiental
Ante la pregunta recurrente sobre cómo una empresa de logística puede ser sustentable mientras pone camiones en la calle, Marcelo Mattio explicó que la respuesta está en una estrategia integral que combina eficiencia, innovación y compromiso ambiental:
• Luminarias LED: Implementadas en todas las plantas operativas.
• Paneles solares:
La planta actual se alimenta en un 70% con energía solar.
En la planta de Casubi, en Barracas (32.000 m²), se está construyendo una granja solar que no solo abastecerá a toda la planta, sino que podría suministrar energía a barrios carenciados de la zona, en negociación con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
• Pallet Collar:
Sistema que elimina el uso de film stretch y optimiza la capacidad de los camiones, reduciendo la huella de carbono al evitar que los vehículos transporten aire.
• Desplastificación:
Eliminación del film plástico y adopción de bolsines compostables, con el apoyo de Martín Jersonsky, CEO de EcoFactory.
• Movilidad sustentable:
Uso de triciclos y bicicletas eléctricas para atender zonas de Buenos Aires y otras ciudades del interior.
• Medición de huella de carbono:
En 2023, Urbano registró 21.600 toneladas de CO₂.
En 2024, logró reducir las emisiones directas mediante la racionalización del transporte de larga distancia e inició un programa de compensación con la plantación de árboles en la Patagonia.
La respuesta del colibrí
El colibrí y la enseñanza del propósito
Para responder a quienes cuestionan el impacto ambiental de una empresa de logística, Marcelo Mattio compartió una leyenda:
en medio de un incendio voraz en la sabana, mientras todos los animales huyen, un colibrí toma agua con su pico y la arroja al fuego repetidamente.
Cuando el león le pregunta qué hace, el colibrí responde:
“Estoy haciendo mi parte.”
La enseñanza, según Marcelo Mattio, es que
“Cada uno de nosotros tenemos que hacer nuestra parte. Si cada uno hace su parte como el colibrí, estamos salvados.”
Motores de inspiración: Espartanos y más
Uno de los pilares del compromiso social de Urbano es su trabajo con la Fundación Espartanos, capacitando y dando empleo a personas que salen de la cárcel.
“Nosotros somos los que completamos el círculo maravilloso de la segunda oportunidad”, explicó.
La empresa comenzó esta colaboración en 2016, mucho antes de iniciar formalmente el camino hacia la certificación B.
Otras organizaciones apoyadas incluyen:
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Fundación Garrahan y Casa Garrahan: logística gratuita para transportar papeles y tapitas de todo el país.
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Usina: apoyo a oftalmólogos que realizan campañas en pueblos del interior.
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Sachamama: ONG que revitalizó un pueblo en Santiago del Estero capacitando a teleras. Urbano transporta las telas, lanas y productos terminados.
El camino hacia los 81 puntos
El proceso de medición comenzó en 2020 con 24 puntos.
La empresa fue mejorando año a año: 55 puntos en 2021, 87 y 86 en 2022 y 2023.
Cuando decidieron certificarse oficialmente, la auditoría los dejó con 81 puntos finales, superando el mínimo de 80 requerido.
La certificación se obtuvo bajo dos modelos de negocio: trabajadores y clientes.
El Equipo de Triple Impacto, formado por personas de todas las áreas —comercial, finanzas, recursos humanos, operaciones y tecnología— fue clave en este proceso.
“Empezamos cinco loquitos, o mentores, como quieran llamarlo ustedes, y hoy está toda la compañía comprometida con esto”, celebró Marcelo Mattio.
Historias de transformación: el testimonio de Claudia Couronne
Uno de los momentos más emotivos del evento fue el testimonio de Claudia Couronne, actual gerenta de Legales de Urbano.
Couronne comenzó en la empresa hace 26 años como telefonista, sin muchas herramientas.
En su primer día como reemplazante en otra área, cargó datos en Excel durante todo el día y, al finalizar, apagó la computadora sin guardar nada.
“Nunca más me va a volver a pasar”, se prometió a sí misma.
A partir de ese momento, tuvo jefes que, sin conocer el concepto de Empresa B, creían en dar oportunidades y apoyar el crecimiento.
“Pasé por todos los puestos: asistente de dirección, de presidencia, de comercial… fui escalando”, relató.
Cuando le sugirieron estudiar abogacía, dudó, pero el apoyo de Marcelo —“¿cómo te fue en los exámenes?”— y de otros directores la motivó a continuar.
“No me di cuenta cómo llegué a recibirme, porque no era el motor la zanahoria, era la oportunidad de trabajar en la empresa, era la posibilidad que me había dado la empresa de confiar en que yo iba a poder, en que yo podía creer en mí”, confesó Couronne.
Recordó que Marcelo Wirth le decía que no tendría su propia oficina hasta no tener el título, lo que la motivó aún más.
“Urbano es más allá del nombre, es su gente, somos nosotros”, afirmó Claudia Couronne.
Rememoró las noches durante la pandemia cuando había cinco camiones en la puerta del depósito y nadie durmió: todos se llamaban por teléfono, coordinando desde sus casas.
“El camionero que estaba ahí no estaba solo. Estaba desde el presidente, los gerentes, el vice… estábamos acompañándolo, cada uno desde su lugar. Y eso es un poco lo que somos: Urbano.”
Con emoción, concluyó:
“Si me dicen ‘¿qué es Urbano?’, es mi casa. O sea, yo nací, crecí, me formé, tengo familia, marido… así que es como que es mi casa, y así, al menos, lo transmito.”

🗣️ Las preguntas de los periodistas: desafíos y oportunidades
🔋 Sobre la movilidad eléctrica
Consultado sobre vehículos eléctricos, Marcelo Mattio explicó que en España, una empresa de logística similar tiene el 20% de su flota electrificada y un plan para llegar al 100% en 2040, pero el Estado español subsidia la compra.
“Acá había un proyecto en la ciudad de Buenos Aires, por eso nosotros tenemos nuestras urbikes y nuestras bicicletas eléctricas. Hay poco incentivo del lado económico, poco incentivo del lado urbanístico, y en Europa eso ocurre muy fuertemente”, señaló.
Actualmente, los vehículos eléctricos son “absolutamente impagables” y “totalmente anti impacto económico” en Argentina, admitió.
Marina Arias, directora ejecutiva de Sistema B Argentina, añadió:
“Hay un montón de cosas que hoy la empresa puede hacer para generar impacto y disminuir otros impactos, o volcarse más sobre todo al impacto social, que perder tiempo en un lugar más marketinero comprando camiones donde hoy no movería la aguja del consumo”.
Por su parte, Eli Moretti, consultora de triple impacto de Urbano, complementó señalando que existen muchas acciones posibles con los vehículos actuales:
“Un plan de mantenimiento preventivo, capacitación a los choferes de cómo optimizar el uso, rutas optimizadas… Hay un montón de cosas que se pueden hacer que mejoran el consumo y la huella de carbono”.
Inspirando a otras empresas
Ante la consulta sobre si pueden inspirar a otras compañías, Mattio destacó la importancia del enfoque de triple impacto, que unifica la Responsabilidad Social Empresaria con la sustentabilidad, incorporando además el componente económico.
Urbano participa activamente en el Círculo de Impacto B, un consejo empresario que busca contagiar esta filosofía a otras organizaciones.
“Sistema B organiza viajes de impacto al interior del país, hablamos con empresas en Córdoba, en Mar del Plata, en Mendoza, en Rosario, motivándolas a todas con el concepto de triple impacto”, detalló el vicepresidente.
Relación con el Estado y proyección de futuro
Sobre la posibilidad de proveer energía a asentamientos cercanos, Marcelo Mattio confirmó que están en negociación con la Ciudad de Buenos Aires. La planta de Casubi posee techos perfectamente orientados para la instalación de paneles solares y podría generar un excedente energético.
“El consumo nuestro, poniendo todos esos paneles, puede llegar a dar luz a varios de los barrios carenciados que están alrededor, que ya el Estado les paga”, explicó Mattio.
Por su parte, Martín Jersonsky, CEO de EcoFactory y mentor de Mattio, lamentó que “todavía Argentina no tenga un programa de incentivo a la economía limpia. Chile lo tiene hace unos cuantos años y la panelización debería ser lo más lógico para ir hacia una transición ordenada”.
Sin embargo, Mattio subrayó que también es responsabilidad del sector privado impulsar estos cambios:
“A Urbano le tienen que decir 400 veces que no para que… Es nuestra política general y también va a ser nuestra política en este momento”.
Después de la certificación: el verdadero desafío
Cuando un periodista preguntó si, tras obtener el sello, “¿ya se certificaron B y listo, se duermen en los laureles?”, Mattio respondió con firmeza:
“Estamos jugando en primera división. Ahora podés ser River, Boca, San Lorenzo… podés estar arriba o abajo de la tabla. No, no nos paramos. Llegamos a una certificación, tenemos nuestro sello, pero ese ‘Mide lo que importa’, ese cuestionario, es un camino, una hoja de ruta genial”.
Marina Arias complementó explicando que la certificación debe renovarse cada tres años, con estándares cada vez más exigentes:
“Hay compromisos de mejora continua concretos de un año a otro que tienen que demostrar las empresas. Realmente es un camino espectacular porque te abre la cabeza a posibilidades que habitualmente no nos preguntamos siquiera”.
Mattio reveló que Urbano incluso cambió el nombre de su sistema de gestión hace dos años:
“Ya no se llama sistema de gestión de calidad, sino sistema de gestión de triple impacto, fusionando las necesidades del triple impacto con los vectores de la ISO”.
Crecimiento y proyecciones
Consultado sobre el panorama del sector, Mattio confirmó que Urbano incrementó su volumen de negocio en un 30% durante 2024:
“Crecimos en volumen de negocio y crecimos en cantidad de colaboradores, tanto de camionetas como de empleados de planta”.
Marcelo Wirth agregó que durante el mismo período se transformaron veinte locales del interior del país, convirtiendo pequeñas oficinas postales en plantas operativas con capacidad para manejar paquetería de mayor volumen.
Criterios para elegir clientes y proveedores
Consultado sobre si Urbano Express comparte su visión con los clientes y proveedores, Marcelo Mattio fue tajante:
“No tenemos clientes que tengan un impacto excesivamente negativo. Nuestro porcentaje de mineras o de empresas de petróleo es mínimo. Obviamente no tenemos clientes que hagan daño directo al medio ambiente; si viniera alguno, probablemente lo estudiaríamos”.
Sin embargo, el enfoque de Urbano no es de exclusión, sino de transformación.
“¿No tenés propósito? ¿No sabés lo que es el triple impacto? Yo te explico, yo te cuento, yo te motivo a que lo tengas. Entonces, en lugar de rechazarlo porque no sos, te invito a serlo. Ese es nuestro modelo. Y lo hacemos muy fuertemente”, sostuvo Mattio.
Un ejemplo concreto es el de Kiev, la productora audiovisual encargada de registrar el evento de certificación.
“No tenía ningún propósito. Karina Macario dijo: ‘en lugar de traer una empresa B, hagamos la B’. Y ahí dijimos: ‘ese es nuestro camino, eso es lo que tenemos que hacer’. Y es parte de la divulgación”.

Un logro único en el mundo
Mattio reveló un dato sorprendente: de las 10.300 empresas B certificadas en el mundo, solo 165 están en la categoría de logística. De esas 165, solo seis hacen algo parecido a lo que hace Urbano. «Hay empresas que dicen logística pero son empresas tecnológicas que hacen tecnología para logística, pero no logística. Hay empresas de logística que son solamente transportes, no tienen nada de última milla».
De esas seis empresas comparables, dos son argentinas: Bici Mensajeros (que opera solo con bicicletas en Capital Federal) y T-Logística (dedicada exclusivamente a la industria farmacéutica B2B). Las otras están en Ecuador y Australia. «Al final somos uno de los representantes del mundo», concluyó Mattio, generando aplausos entre los presentes.
El impacto de la certificación B en el negocio
Karina Macario, del equipo gerencial, compartió los resultados de una encuesta realizada a clientes antes de buscar la aprobación del directorio para invertir en la certificación. Los resultados fueron sorprendentes: incluso empresas que no eran B certificadas expresaron interés. «Empresas grandes, de telecom, de mucho volumen, nos decían: ‘si nosotros demostramos que nuestro proveedor logístico es una empresa certificada B, se nos abren un montón de puertas, se nos abren créditos, se nos abren posibilidades'».
Mattio detalló los beneficios para diferentes áreas: «La dirección de finanzas tiene opciones de crédito, cheques verdes si sos Certificado B. Para Recursos Humanos, tenemos gente que entró a trabajar en Urbano diciendo ‘trabajo con Lito o en Urbano, no, en Urbano porque tiene triple impacto’. Para comercial también: a partir de hoy, Urbano no se presenta más como una empresa de logística, vayan y cuenten ‘soy una Empresa Triple Impacto'».
Karina Macario aportó una reflexión sobre el retorno de inversión: «Tiene tres tipos de retorno. El primero es económico, porque estamos acá para ganar plata pero no atado del cómo. El segundo retorno es social, como una mamushka: sobre nuestros trabajadores, nuestros proveedores y clientes, y la comunidad donde estamos. Y el tercero es medioambiental, porque cuando analizo cuáles son mis prácticas medioambientales, bajo costos».
El rol de Sistema B Argentina y la explosión del movimiento
Marina Arias, directora ejecutiva de Sistema B Argentina, explicó que la organización impulsa un cambio en el paradigma económico: «No hace falta hacer las cosas como las llevamos hasta acá, no solamente perseguir el lucro, las cosas se pueden hacer de manera diferente poniendo en el centro de nuestras decisiones económicas a las personas y el planeta».
La certificación implica que una empresa decide cambiar sus estatutos, medir el impacto que genera, comprometerse a un camino de mejora continua y hacerlo público. «Hay mucha responsabilidad de Urbano al hacer público su compromiso con la certificación B. Involucra a toda la compañía en sus 360 grados, todos están involucrados en este proceso».
Sobre la dificultad de certificar una empresa del tamaño de Urbano, Arias fue clara: «Se necesita mucha convicción para llevarlo adelante. Hay casi más de 10.300 empresas B en el mundo. Si no hay convicción de arriba para abajo, por más intentos, mueren ahí. Y si 3.000 personas no se suman a ese proceso y creen que esto es posible, no lo podés llevar adelante».
Una periodista destacó el crecimiento exponencial del movimiento: «En 2023 hice una nota cuando eran apenas 200 empresas. Hoy, 2025, apenas dos años más tarde, empezás a ver empresas que logran la certificación y dicen ‘tengo clientes que me empiezan a pedir la certificación B’. La sociedad empieza a demandar: ‘¿cómo es tu cuidado al medio ambiente? ¿Tenés un impacto, lo medís?'».
Mattio confirmó que en licitaciones ya se solicita el certificado de triple impacto: «Cuando vos estás certificado B, se dicen ‘lo tenés’, o sea, te lo certifican que tenés el impacto».
Liderando desde la Cámara del sector
Marcelo Wirth anunció que Urbano asumió la presidencia de AECAUM (Asociación de Empresas de Correo de Argentina y Última Milla), que agrupa a 26 empresas del sector, incluyendo Andreani y OCA. «Tomamos la presidencia hace una semana. Todo esto va a tener un impacto, vamos a presentar y tratar de incorporar a nuestros colegas a esta iniciativa. No hay ninguno más que sea B. Somos los primeros».
Transparencia total: tres años de reportes públicos
Karina Macario recordó que la empresa publica hace tres años su reporte de triple impacto bajo los lineamientos de GRI (Global Reporting Initiative), disponible en su web. Los reportes de 2022, 2023 y 2024 están accesibles para consulta pública, y el correspondiente a 2025 estará disponible en marzo de 2026.

Un cartel con mensaje: «Benefit for all»
Al final del encuentro, Mattio compartió un concepto que aprendieron recientemente y que se convirtió en idea fuerza: «Benefit for all, son empresas que se pensaron como beneficio para todos. Benefit for all es el B, este B».
El enorme cartel con la certificación B en la entrada de la planta es, según los directivos, una invitación a que la gente investigue qué significa ese sello que cada vez más se ve en empresas argentinas.
Conclusión: el maratón continúa
Marina Arias cerró con una reflexión sobre la responsabilidad que implica la certificación: «El que tengan el sello B es un montón y tiene mucha responsabilidad también. Gracias por ser esos embajadores que siempre quisimos. El impacto que tiene una empresa tan grande es enorme: cambia en sus colaboradores, cambia con sus proveedores, cambia el impacto que tiene territorial».
Para Urbano, la certificación B no es un punto de llegada sino el inicio de un nuevo capítulo. Como señaló Marcelo Mattio en su emocionante relato del colibrí, cada empresa, cada persona, tiene la responsabilidad de hacer su parte. Y Urbano está demostrando que es posible ser rentable, generar empleo y cuidar el planeta al mismo tiempo.
En un sector donde solo seis empresas similares en todo el mundo han logrado esta certificación, Urbano no solo está escribiendo su propia historia, sino marcando el camino para toda la industria logística argentina y latinoamericana.
Urbano Express cuenta con 3.000 colaboradores, 55 sucursales en todo el país, tres plantas operativas, procesa 1.2 millones de paquetes mensuales y entre 5 y 6 millones de cartas. La empresa obtuvo 81 puntos en la evaluación de impacto B, superando el mínimo de 80 requerido para la certificación.
Editorial: Cuando una empresa te devuelve la fe en el capitalismo consciente
Por Cris Landon
Confieso que llegué a las instalaciones de Urbano Express con la curiosidad profesional de siempre, pero también con cierto escepticismo. En estos tiempos, la palabra «sustentabilidad» se ha convertido en un término tan manoseado por el marketing corporativo que uno ya no sabe cuándo está frente a un compromiso real o simplemente ante una campaña de greenwashing bien diseñada.
Sabía lo básico sobre las Empresas B.
Había leído sobre el Triple Impacto, sobre la importancia de medir no solo las ganancias sino también el impacto social y ambiental. Pero, seamos honestos, una cosa es leerlo en un artículo y otra muy distinta es verlo, sentirlo, respirarlo en el aire de una organización.
Lo que viví hoy en Urbano me dejó, literalmente, sin palabras. Y no es fácil dejar sin palabras a una periodista.
Más allá de los números
Sí, los números impresionan: 3.000 colaboradores, 1.2 millones de paquetes mensuales, 55 sucursales en todo el país, 81 puntos en la evaluación B. Pero los números son fríos, son estadísticas que uno anota en su libreta y archiva para después.
Lo que no se archiva, lo que se queda grabado en algún lugar más profundo, es la calidad humana que se respira en esa empresa.
Vi a Claudia Couronne. , hoy gerenta de legales, contando con los ojos húmedos cómo hace 26 años entró como telefonista, sin herramientas, sin título universitario. Cómo ese primer día borró todo su trabajo por olvidar guardar el archivo de Excel. Y cómo, en lugar de ser despedida o humillada, encontró jefes que le dijeron: «Tenés que estudiar, tenés que crecer».
Ella, que dudaba de volver a la facultad «con veintipico largos», encontró en Marcelo Wirth. a alguien que le preguntaba constantemente: «¿Cómo te fue en los exámenes?». No como control, sino como genuino interés. Como quien pregunta a un familiar querido.
«No me di cuenta cómo llegué a recibirme», dijo Claudia, «porque no era el motor la zanahoria, era la oportunidad de trabajar en la empresa, era la posibilidad que me había dado la empresa de confiar en que yo iba a poder, en que yo podía creer en mí».
Cuando ella definió a Urbano como «mi casa», no estaba recitando un eslogan corporativo. Se le quebraba la voz.
El trato que te devuelve la dignidad al trabajo
Hay algo que me impactó profundamente: la manera en que los dirigentes hablan de su gente. No como «recursos humanos», no como «capital humano», ni siquiera como «colaboradores» en ese tono paternalista que a veces se usa en las empresas. Hablan de ellos como personas.
Marcelo Wirth, el accionista principal, recordó las noches de pandemia cuando había cinco camiones en la puerta del depósito esperando para descargar. «Estábamos todos, no dormimos esa noche, ninguno de los que estábamos conduciendo, y estábamos en nuestras casas llamando por teléfono, ‘por favor, fíjate la seguridad'», relató Claudia. El presidente, el vicepresidente, los gerentes, todos en sus casas coordinando para que los camioneros que estaban ahí, trabajando, supieran que no estaban solos.
¿Cuántas empresas argentinas pueden decir lo mismo? ¿En cuántas empresas el presidente se desvela porque el camionero de turno noche no esté solo?
Y la respuesta de los empleados hacia los dirigentes también habla volúmenes. No había formalidad forzada, no había esa distancia artificial que se impone en tantas corporaciones. Había respeto, sí, pero también cercanía, complicidad, orgullo genuino.
Cuando Marcelo contaba la historia del colibrí que enfrenta el incendio con gotas de agua en su pico, no estaba dando una charla motivacional ensayada. Estaba compartiendo lo que genuinamente lo mueve, lo que lo hace levantarse cada mañana.
Energía para los que menos tienen
Pero hubo un momento que me partió el corazón de la manera más hermosa posible.
Cuando Marcelo explicó el proyecto de la granja solar en la planta de Casubi, no se limitó a hablar de eficiencia energética o reducción de costos. Habló de algo que me pareció revolucionario en el contexto del capitalismo argentino: la posibilidad de que el excedente de energía solar generado por su planta pueda alimentar a los barrios carenciados de la zona.
Imaginen eso. Una empresa privada, que podría simplemente cumplir con las normativas ambientales y seguir adelante, está negociando con el gobierno de la ciudad para que su inversión en paneles solares beneficie directamente a las familias más vulnerables de su entorno.
No es filantropía de escritorio. No es una donación que se hace una vez al año para la foto. Es pensar la operación misma de la empresa como una oportunidad para mejorar la vida de quienes viven alrededor.
Eso, señoras y señores, es triple impacto de verdad.
El escepticismo que se convirtió en admiración
Recordé que Marcelo Wirth confesó que al principio, cuando Marcelo(Mattio) le planteó lo de la certificación B, pensaron «déjalo, se le va a pasar. Está encerrado en la casa, está creativo». Y que fueron «sordos durante bastante tiempo».
Me identifico con ese escepticismo inicial. Es el mismo que yo llevaba en la mochila esta mañana.
Pero así como ellos se dejaron convencer por la convicción de Marcelo y el entusiasmo del equipo, yo me dejé convencer por lo que vi con mis propios ojos.
Vi a Marcelo explicando por qué trabajan con la Fundación Espartanos, dando empleo a personas que salen de la cárcel, «completando el círculo maravilloso de la segunda oportunidad». Vi los ojos de Marina Arias de Sistema B brillando al hablar de lo difícil que es certificar una empresa de 3.000 personas y lo valioso que es cuando lo logran.
Vi a Eli Moretti, la consultora que los acompañó desde aquel 15 de diciembre de 2020 en plena pandemia, cuando cinco o seis personas se juntaron por Zoom con una idea que parecía imposible.
No son perfectos, y eso los hace creíbles
Marcelo fue honesto: no tienen camiones eléctricos porque en Argentina son «absolutamente impagables» y «totalmente anti impacto económico». Podrían mentir, podrían hacer greenwashing, podrían comprarse un vehículo eléctrico «para la foto», como él mismo dijo que hacen otras empresas.
Pero en lugar de eso, explicaron qué están haciendo con lo que tienen: mantenimiento preventivo de los vehículos actuales, capacitación a los choferes para optimizar el consumo, rutas optimizadas, eliminación de plásticos, Pallet Collar que reduce la cantidad de camiones en la calle.
Y mientras trabajan en eso, plantan árboles en la Patagonia para compensar su huella de carbono. No es perfecto, pero es honesto. Y en estos tiempos, la honestidad vale oro.
Cuando el propósito no es un póster en la pared
Hay empresas que tienen su propósito enmarcado en la recepción, bien bonito, para que los clientes lo vean. Y después, en el día a día, nadie lo recuerda.
En Urbano, el propósito no está enmarcado. Está encarnado.
«Comprometidos con generar oportunidades. Para eso diseñamos soluciones responsables que conectan a las personas».
Claudia es la prueba viva de esas oportunidades. Los espartanos que consiguen trabajo son la prueba. Las ONGs que reciben logística gratuita votada por los propios empleados son la prueba. Los barrios que podrían recibir energía solar son la prueba.
Y cuando Marcelo dijo «no nos da vergüenza decir que tenemos que ganar más plata, porque es una empresa, no es una ONG», sentí un alivio profundo. Porque es verdad: las empresas están para generar rentabilidad. Pero la pregunta es cómo la generan y para qué.
Un faro en medio de la tormenta
Marina Arias dijo algo que me quedó resonando: «Las empresas B son las que demuestran que es posible. Son el faro, son los abanderados que dan luz y dicen ‘por acá va'».
En un país donde tantas veces nos preguntamos si es posible hacer las cosas bien, si es posible ser exitoso sin coimear, sin explotar, sin destruir, Urbano está diciendo con hechos: sí, se puede.
No es fácil. Marcelo habló del «maratón» que corrieron durante cuatro años. Habló de que tuvieron que convencer a 3.000 personas, no solo a los accionistas. Habló de que el sistema de gestión de la empresa ya no se llama «de calidad» sino «de triple impacto», porque lo tienen integrado en absolutamente todo lo que hacen.
Y ahora asumieron la presidencia de la cámara que agrupa a las 26 empresas de logística del país, siendo los primeros y únicos certificados B del sector. No para quedarse con el logro, sino para contagiarlo.
Lo que aprendí hoy
Llegué pensando que sabía lo que era una Empresa B. Salgo sabiendo que no tenía idea de la profundidad que puede alcanzar ese compromiso cuando es genuino.
Aprendí que el Triple impacto no es un folleto, es una forma de pensar cada decisión.
Aprendí que «la mejor empresa para el mundo» no es un eslogan marketinero sino una elección valiente en un contexto que muchas veces premia lo contrario.
Aprendí que cuando los dirigentes tratan a su gente como personas y no como números, esa gente construye una empresa que es, literalmente, su casa.
Aprendí que 3.000 personas pueden remar en la misma dirección si esa dirección tiene sentido, si ese propósito los incluye, si ese proyecto los hace parte.
Y aprendí, sobre todo, que hay empresarios argentinos que se levantan cada mañana pensando no solo en cuánto van a facturar, sino en cuántas vidas van a tocar positivamente ese día.
El colibrí que nos interpela
La historia del colibrí que Marcelo contó es, en realidad, una pregunta para todos nosotros.
Urbano está haciendo su parte. Con sus 3.000 colaboradores, sus plantas solares, sus programas de inclusión, su apoyo a ex detenidos, sus donaciones a ONGs, su medición obsesiva de cada tonelada de CO2, su compromiso con transformar a sus proveedores y clientes en empresas con propósito.
¿Estamos haciendo la nuestra?
Como periodista, mi parte es contar esta historia. Pero también es interpelarnos colectivamente: ¿por qué debería ser noticia que una empresa trate bien a su gente? ¿Por qué debería sorprendernos que piensen en dar energía a los barrios vulnerables? ¿No debería ser esto lo normal?
Y sin embargo, no lo es. Por eso hoy salgo de estas instalaciones con una mezcla rara de esperanza y tristeza. Esperanza porque empresas como Urbano demuestran que otro capitalismo es posible. Tristeza porque todavía son tan pocas que cuando encontramos una, nos parece extraordinario.
Una última confesión
Cuando me invitaron a este evento, pensé que iba a ser una conferencia de prensa más. Un desayuno corporativo, algunas frases hechas, una foto con el cartel de la certificación, y todos a casa.
Me equivoqué completamente.
Hoy fui testigo de algo que no se ve todos los días: una empresa que pone su dinero, su tiempo y su energía donde está su discurso. Una empresa que eligió el camino difícil porque era el correcto, no porque fuera rentable a corto plazo (aunque, paradójicamente, también lo está siendo).
Salgo de acá con más preguntas que respuestas. Pero son buenas preguntas. Preguntas sobre qué mundo queremos construir, sobre qué tipo de empresas merecen nuestro respeto y nuestro apoyo, sobre qué significa realmente el éxito en el siglo XXI.
Y salgo, también, con un mensaje para otros empresarios que puedan leer esto: si Urbano pudo, ustedes también pueden. Si 3.000 personas en todo el país pueden alinearse detrás de un propósito que incluye las ganancias pero no se limita a ellas, también puede hacerlo su equipo.
El colibrí sigue tirando gotitas de agua sobre el incendio. Y cada vez somos más los que nos sumamos a esa tarea aparentemente imposible.
Hoy aprendí que las empresas no son edificios ni camiones ni plantas operativas. Las empresas son personas. Y cuando esas personas creen en algo más grande que ellas mismas, ocurren pequeños milagros cotidianos.
Urbano es uno de esos milagros.
Y me alegra profundamente haber sido testigo de él.
P.D.: Cuando salí de la planta y vi el enorme cartel de Empresa B Certificada en la entrada, entendí por qué lo pusieron ahí. No es para los clientes. No es para los proveedores. Es para que cada persona que pasa por esa puerta, cada día, recuerde por qué hace lo que hace. Y hacia dónde van, juntos.

¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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